Miércoles, 18 de septiembre de 2002
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Justicia histórica para la inmigración
 
 
ALBA F. LÓPEZ MARTÍN, COORDINADORA DE VINCULACIÓN ESTRATÉGICA, Y ALVAR ACEVEDO LÓPEZ, COORDINADOR GENERAL DEL GRUPO MORADOS.

Hoy, 18 de septiembre, se votarán en el Senado las enmiendas al Código Civil en materia de nacionalidad, presentadas por los diversos grupos parlamentarios, que procuran hacer justicia histórica a toda la emigración tradicional española y, en especial, a todos los descendientes del forzado exilio español después de la guerra civil.

Hasta ahora, han quedado claras las buenas intenciones de los grupos parlamentarios al haber incluido, todos ellos, enmiendas en las que consideraban a la descendencia (hijos y nietos) de los españoles que, por las causas que fueren, tuvieron que abandonar España.

Hoy no sólo se debatirá el tema de nacionalidad española, sino que será, también, una prueba para la democracia española dado que, si en pro de lo justo y en conformidad con su Constitución, el Senado vota a favor de las enmiendas que mencionan a los hijos y nietos de españoles como derechohabientes a la nacionalidad, le hará justicia a todas las familias españolas en el destierro, ya fuera por hambre, ya fuera por ser republicanos.

Si decide no modificar el Código Civil, convertiría en mártires a todas las familias españolas de ultramar, dado que se realizaría un acto inconstitucional, totalitario y, sobre todo, injusto; ya que la Constitución Española, a través de sus artículos 14° y 42°, nos reconoce como españoles al decir que no puede haber 'discriminación alguna por razón de nacimiento (...) o cualquier otra condición o circunstancia personal o social', y obliga al Estado español a procurar nuestro retorno.

Somos españoles. Somos hermanos, hijos, nietos, sobrinos y primos de muchos de ustedes. Somos españoles, porque lo que la sangre ha dado no puede quitarlo un párrafo del Código Civil. Tenemos abuelos, padres y hermanos españoles, y el Gobierno no nos quiere reconocer españoles sólo porque le ha tomado 30 años acordarse de nosotros y ya habíamos cumplido la mayoría de edad.